dilluns, 4 de juny del 2018

Pedro Sánchez nomena ministre a José Borrell


He rescatat un llarg escrit que en el seu dia havia fet per argumentar a un amic “unionista” el que havia dit Borrell i quin crèdit mereixia segons la meva opinió. Com ho tinc redactat en castellà, mantinc la llengua, que també és la del llibre-pamflet de Borrell.
M’ha acabat de convèncer quan un periodista, Zarzalejos, —de qui se suposa coneixement i neutralitat— ha dit fa pocs minuts a la televisió que Borrell, entre altres mèrits (com desinfectar els catalans), havia escrit un llibre que era un “referent” per desacreditar els arguments dels independentistes.

Las Cuentas y los cuentos de la independencia
Es un libro del que el propio Borrell por la radio (yo lo oí) decía que era un panfleto.
Solo hace falta hojear su contenido y te das cuenta que tiene un único sujeto: los 16.000 millones del déficit fiscal catalán.
La introducción ya marea. Hace referencia precisamente a su artículo: ¿Dónde están los 16.000 millones? Publicado en El País, que recuerdo perfectamente y que en su día recibió la réplica del economista Xavier Sala i Martín, respuesta que el País se negó a publicar. En otras palabras Borrell ha escrito un libro anti-balanzas fiscales y reconoce que el déficit fiscal existe (pero rebaja su importe), pero a él le interesa embrollar este asunto más que aclararlo.
En todo caso y como punto de partida (antes del libro) parece que los especialistas y los politólogos están de acuerdo en:
Los independentistas ponen argumentos encima la mesa. Los unionistas imponen el miedo y la amenaza. Los independentistas quieren que la voluntad popular se imponga a la ley, mientras que los unionistas quieren que la ley se imponga a la voluntad popular. Son puntos que conviene no olvidar y con los que no hay que estar de acuerdo necesariamente.
Ya siguiendo con el libro, no quiero convertirme en especialista en balanzas fiscales entre territorios. Desde que se inventaron las balanzas fiscales el mundo científico ha reconocido dos métodos: el flujo monetario y el método carga-beneficio. No hay más sistemas reconocidos y, tanto, lo que explica Borrell de “balanzas observadas” (?) como las que encargó el Gobierno del PP a Angel de la Fuente, de “balanzas territorializadas” (una especie de sistema carga-beneficio manipulada), no es otra cosa que marear la perdiz.
En mi opinión lo más interesante del libro de Borrell es la Introducción, donde  señala claramente sus objetivos. De forma “pedagógica” explica que le animó a escribir este “panfleto”  un amigo americano de Baltimore, ciudad que está cerca la base naval militar de Norfolk. Borrell le explicó que según el presidente Mas (no indica cuándo ni dónde lo dijo, aquí parece que no hay fuentes de información) todo el gasto de esta base naval se imputaría al estado de Virgínia, y que el gasto de las embajadas no se imputarían a nadie puesto que están fuera del territorio de los EEUU. Lo que no le contó a ese amigo suyo fue el otro “ejemplo” que citó Borrell en la radio de forma indignada: la torre de control aéreo situada en Zaragoza. Según él, los gastos de esta torre tienen que pagarla los ciudadanos de Madrid y Barcelona, que son los que se benefician de esta torre. Pero esta indignación se le pasaría al instante al exministro si la entrevistadora le hubiera dicho: “y también el señor Putin”, porque esa torre también controla los aviones que vuelan desde Moscú a Madrid.
Lo que debería haber dicho Borrell es que no hay un sistema mejor que el otro para calcular las balanzas fiscales, y la respuesta dependerá de la pregunta que se haga, pero nunca rehuir la respuesta o inventar nuevos sistemas de cálculo.
No parece que Borrell haya entendido el concepto de neutralizar la balanza fiscal, o por lo menos en la forma que lo explica se entiendo poco.
El capítulo de “cómo cuentan Junqueras y Mas los argumentos de la independencia”, no tienen ningún interés. Es una versión acomodada a su objetivo. Por tanto, ni un comentario.
El grueso del libro trata de balanzas fiscales, sin convencer —a escépticos como yo— ni aclarar nada al respecto, más aun cuando reconoce que el déficit fiscal existe.
También es necesario comentar que se apunta a una idea falsa: que el mundo de la globalización va en favor de las grandes uniones de estados, que otra cosa es inviable. Esta afirmación realmente es un dogma y una falsedad. La historia lo desmiente de una forma rotunda. La creación de nuevos estados es creciente en el transcurso del tiempo. Desde 1940 hasta el 2000 el número de estados se ha multiplicado por cuatro.
Las consideraciones sobre cómo responderá la Unión Europea a un intento de secesión de una parte de un estado, son opiniones más que otra cosa, opiniones muchas veces sin ningún fundamento.
Se apunta también a la estupidez, de que un referéndum dividiría a la sociedad. Supongo que Borrell debe opinar que la mejor manera de convivir es que todo el mundo vote de la misma forma, hable la misma lengua y piense que el mejor sistema es el actual regido per elites extractivas, lo que le ha permitido a él acceder a las puertas giratorias, que su vez le ha permitido estar en la comisión de remuneraciones del Consejo de Abengoa y aprobar un finiquito, o un  “golden parachute” de siete millones de euros a Felipe Benumea, su presidente, y alguna otra mamandurria a otros responsables del desastre. Mientras, la empresa está despidiendo a 1.700 empleados y negocia una quita del 25% con los bancos y del 70% con los bonistas, y no creo la cosa termine aquí.
Borrell se compromete en facilitar información contrastada y las referencias que facilita son de la prensa, de la televisión —la Sexta— y las explicaciones del vicepresidente de la Sociedad Civil Catalana, un partido que ni es sociedad, ni es civil y mucho menos catalana. Que su presidente tuvo que dimitir por haber proferido amenazas escondiéndose detrás de un pseudónimo y en estos momentos está en el juzgado. Realmente es vergonzoso el poco rigor de Borrell en cuanto a sus fuentes y sus criterios, más aún, cuando Borrell es una persona con conocimientos suficientes para no caer en estas trampas de hooligan. Éste es el principal problema: Borrell sabe o tendría que saber de lo que habla, pero no lo hace con claridad —en mi opinión, manipula—. No es tonto, de ninguna manera, solo le acuso de mala fe.
Afortunadamente Borrell no habla de la corrupción, puesto que todos recordamos que no fue candidato a presidente por el PSOE debido a que sus dos amigos en hacienda, Aguiar i Huguet, era puros chantajistas atrapados en el caso Núñez y Navarro y puestos a la sombra por muchos años. Naturalmente no hubo ninguna repercusión ni responsabilidad política por este hecho.