He
rescatat un llarg escrit que en el seu dia havia fet per argumentar a un amic “unionista”
el que havia dit Borrell i quin crèdit mereixia segons la meva opinió. Com ho
tinc redactat en castellà, mantinc la llengua, que també és la del
llibre-pamflet de Borrell.
M’ha
acabat de convèncer quan un periodista, Zarzalejos, —de qui se suposa
coneixement i neutralitat— ha dit fa pocs minuts a la televisió que Borrell,
entre altres mèrits (com desinfectar els catalans), havia escrit un llibre que
era un “referent” per desacreditar els arguments dels independentistes.
Las
Cuentas y los cuentos de la independencia
Es un libro del que el propio Borrell por la radio (yo lo
oí) decía que era un panfleto.
Solo hace falta hojear su contenido y te das cuenta que
tiene un único sujeto: los 16.000 millones del déficit fiscal catalán.
La introducción ya marea. Hace referencia precisamente a
su artículo: ¿Dónde están los 16.000 millones? Publicado en El País, que
recuerdo perfectamente y que en su día recibió la réplica del economista Xavier
Sala i Martín, respuesta que el País se negó a publicar. En otras palabras
Borrell ha escrito un libro anti-balanzas fiscales y reconoce que el déficit
fiscal existe (pero rebaja su importe), pero a él le interesa embrollar este
asunto más que aclararlo.
En todo caso y como punto de partida (antes del libro)
parece que los especialistas y los politólogos están de acuerdo en:
Los
independentistas ponen argumentos encima la mesa. Los unionistas imponen el
miedo y la amenaza. Los independentistas quieren que la voluntad popular se
imponga a la ley, mientras que los unionistas quieren que la ley se imponga a
la voluntad popular. Son puntos que conviene no olvidar y con los que no hay
que estar de acuerdo necesariamente.
Ya siguiendo con el libro, no quiero convertirme en
especialista en balanzas fiscales entre territorios. Desde que se inventaron
las balanzas fiscales el mundo científico ha reconocido dos métodos: el flujo
monetario y el método carga-beneficio. No hay más sistemas reconocidos y,
tanto, lo que explica Borrell de “balanzas observadas” (?) como las que encargó
el Gobierno del PP a Angel de la Fuente, de “balanzas territorializadas” (una
especie de sistema carga-beneficio manipulada), no es otra cosa que marear la
perdiz.
En mi opinión lo más interesante del libro de Borrell es
la Introducción, donde señala claramente
sus objetivos. De forma “pedagógica” explica que le animó a escribir este
“panfleto” un amigo americano de
Baltimore, ciudad que está cerca la base naval militar de Norfolk. Borrell le
explicó que según el presidente Mas (no indica cuándo ni dónde lo dijo, aquí
parece que no hay fuentes de información) todo el gasto de esta base naval se
imputaría al estado de Virgínia, y que el gasto de las embajadas no se
imputarían a nadie puesto que están fuera del territorio de los EEUU. Lo que no
le contó a ese amigo suyo fue el otro “ejemplo” que citó Borrell en la radio de
forma indignada: la torre de control aéreo situada en Zaragoza. Según él, los
gastos de esta torre tienen que pagarla los ciudadanos de Madrid y Barcelona,
que son los que se benefician de esta torre. Pero esta indignación se le
pasaría al instante al exministro si la entrevistadora le hubiera dicho: “y
también el señor Putin”, porque esa torre también controla los aviones que
vuelan desde Moscú a Madrid.
Lo que debería haber dicho Borrell es que no hay un
sistema mejor que el otro para calcular las balanzas fiscales, y la respuesta
dependerá de la pregunta que se haga, pero nunca rehuir la respuesta o inventar
nuevos sistemas de cálculo.
No parece que Borrell haya entendido el concepto de
neutralizar la balanza fiscal, o por lo menos en la forma que lo explica se
entiendo poco.
El capítulo de “cómo cuentan Junqueras y Mas los
argumentos de la independencia”, no tienen ningún interés. Es una versión
acomodada a su objetivo. Por tanto, ni un comentario.
El grueso del libro trata de balanzas fiscales, sin
convencer —a escépticos como yo— ni aclarar nada al respecto, más aun cuando
reconoce que el déficit fiscal existe.
También es necesario comentar que se apunta a una idea
falsa: que el mundo de la globalización va en favor de las grandes uniones de
estados, que otra cosa es inviable. Esta afirmación realmente es un dogma y una
falsedad. La historia lo desmiente de una forma rotunda. La creación de nuevos
estados es creciente en el transcurso del tiempo. Desde 1940 hasta el 2000 el
número de estados se ha multiplicado por cuatro.
Las consideraciones sobre cómo responderá la Unión
Europea a un intento de secesión de una parte de un estado, son opiniones más
que otra cosa, opiniones muchas veces sin ningún fundamento.
Se apunta también a la estupidez, de que un referéndum
dividiría a la sociedad. Supongo que Borrell debe opinar que la mejor manera de
convivir es que todo el mundo vote de la misma forma, hable la misma lengua y
piense que el mejor sistema es el actual regido per elites extractivas, lo que
le ha permitido a él acceder a las puertas giratorias, que su vez le ha
permitido estar en la comisión de remuneraciones del Consejo de Abengoa y
aprobar un finiquito, o un “golden
parachute” de siete millones de euros a Felipe Benumea, su presidente, y alguna
otra mamandurria a otros responsables del desastre. Mientras, la empresa está
despidiendo a 1.700 empleados y negocia una quita del 25% con los bancos y del
70% con los bonistas, y no creo la cosa termine aquí.
Borrell se compromete en facilitar información
contrastada y las referencias que facilita son de la prensa, de la televisión
—la Sexta— y las explicaciones del vicepresidente de la Sociedad Civil
Catalana, un partido que ni es sociedad, ni es civil y mucho menos catalana.
Que su presidente tuvo que dimitir por haber proferido amenazas escondiéndose
detrás de un pseudónimo y en estos momentos está en el juzgado. Realmente es
vergonzoso el poco rigor de Borrell en cuanto a sus fuentes y sus criterios,
más aún, cuando Borrell es una persona con conocimientos suficientes para no
caer en estas trampas de hooligan. Éste es el principal problema: Borrell sabe
o tendría que saber de lo que habla, pero no lo hace con claridad —en mi opinión,
manipula—. No es tonto, de ninguna manera, solo le acuso de mala fe.
Afortunadamente Borrell no habla de la corrupción, puesto
que todos recordamos que no fue candidato a presidente por el PSOE debido a que
sus dos amigos en hacienda, Aguiar i Huguet, era puros chantajistas atrapados
en el caso Núñez y Navarro y puestos a la sombra por muchos años. Naturalmente
no hubo ninguna repercusión ni responsabilidad política por este hecho.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada